miércoles, 20 de agosto de 2014

Expedición al Atlas (III)

Tras subir el Ras y el Timesguida, nuestro próximo objetivo fue la Cresta Norte del Afella desde la Brecha de Les Clochetons.

Para llegar al inicio de la ruta debemos salir desde el refugio hacia el Norte, siguiendo el camino principal que lleva a Imlil. A los 100 metros aproximadamente debemos remontar una pala de nieve que da lugar al corredor (Irhzer Ikhelloum), que salva unos 700 metros de desnivel hasta llegar a a brecha en la que se encuentran las características agujas de Les Clochetons.

Rutas que seguimos en el Afella y en el Biiguinnoussene.
Este corredor presenta poca dificultad, pero los tramos finales de cresta son más complicados (III), por lo que nos llevamos un cordino de 30 m, un par de clavos, un juego de 6 empotradores y algunas cintas largas. En la guía de David Taurá está catalogada como AD.

Empezando a subir.
El mayor problema de las montañas de la vertiente este es, como os podéis imaginar, que en seguida empieza a darle el sol y la nieve se reblandece mucho, así que se hace duro subir, sobre todo si no hay huella como fue nuestro caso. Tras sufrir bastante tanto por la nieve como por mi tos, llegamos hasta la brecha. Desde allí se puede bien atacar la cresta que queda a nuestra izquierda directamente (III), o bien bordearla por su izquierda y remontar hasta el filo más adelante. Andábamos bastante despistados y pensábamos que habíamos llegado a otro sitio y al no saber muy bien qué hacer decidimos volver sobre nuestras huellas.

Ahora, mientras escribo tranquilamente en casa, me doy cuenta de que fue una auténtica metedura de pata, porque teníamos el mapa y la guía y a poco que hubiésemos pensado con claridad habríamos visto claro por dónde tirar, pero qué le vamos a hacer, esas cosas pasan y son consustanciales a nuestro deporte, sobre todo en montañas desconocidas, en las que no juegas en casa y no tienes a los Greiman para sacarte de un apuro si las cosas se tuercen. Ahora da rabia, claro, pero sin duda alguna en aquel momento dar media vuelta fue la decisión más inteligente que podíamos haber tomado.

Ya vemos la brecha de Les Clochetons.


La bajada se hizo bastante larga debido a lo blanda que estaba la nieve, además por esas canales suelen bajar torrenteras que están tapadas, y en algunos puntos hay que prestar especial atención para no hundirte y acabar con los pies calados. Llegamos al refugio a una hora decente, así que pudimos descansar bien y ducharnos. Por cierto, la ducha (sólo funcionaba una) era un poco cutrecilla para los estándares a los que estamos acostumbrados los guiris pijos, pero se agradece quitarse la roña de encima.

El plan para el día siguiente era subir el Toubkal, pero eso lo dejo para la última entrada y aprovecho esta para contaros la ascensión al Biiguinnousene (4002 m), que está al lado del Afella y que subimos el último día.


Las actividades de dos piolets molan más :-)

El Biiguinnousene es el cuatromil más bajo del Atlas y ofrece una ascensión muy interesante y alpina, con una dificultad que permite ir sin cuerda, aunque nunca viene mal. Nosotros volvimos a llevar el cordino de 30 m y algo de material para asegurar.



La entrada al corredor (Irhzer n'Tadat) está a unos 500 m del refugio. Se trata de una canal un poco más estrecha que el que sube a la Brecha de Les Clochetons y más pendiente. Alrededor de la cota 3700 el corredor se ensancha y remontamos unas amplias palas de nieve que quedan a nuestra izquierda, que acaban en un sistema de corredores que llevan directamente a la cima. Allí es donde encontraremos las pendientes más pronunciadas (55º). Nosotros encontramos unas condiciones de nieve bastante malas y decidimos no subir por los corredores, sino que hicimos una travesía hacia la derecha hasta salir a la arista que une la cima con el Dedo de Tadat, una característica y llamativa aguja que se yergue solitaria en mitad del collado.



Interminables palas de nieve...
La subida a la cima se hace por el filo de la arista. El recorrido tiene algunos hitos, pero son escasos y no son fáciles de distinguir, así que hay que usar en instinto montañero y no perder la atención, pues algunos de los puntos son de paso obligatorio, si no acertamos con ellos podemos meternos en algún berenjenal.

A la espalda, el Dedo de Tadat.
Hacia el oeste se ven los corredores del Tazaghart (3980 m).
Foto de cima :-)
El descenso se hace bajando hasta el collado del Dedo de Tadat y bajando directamente por el corredor. Si el día ha sido caluroso nos encontraremos con que la nieve estará paposa, pero podemos encontrar tramos favorables para practicar el muy noble arte del culo-esquí... tan divertido como agresivo para nuestros flamantes pantalones de gore-tex.


Continuará...

lunes, 18 de agosto de 2014

Expedición al Atlas (II)

Bueno, ha pasado muuuucho tiempo desde la última entrada. Han pasado muchas cosas, dentro del ámbito montañero y fuera de él, y alguna de ellas, como los viajes al Himalaya o a Alpes las compartiré con los cuatro frikis que leéis esto mi pequeño pero selecto grupo de seguidores.

Hay una guía que cualquiera que esté interesado en ir al Atlas seguro conoce: Toubkal. Guía de ascensiones y escaladas, de David Taurá Riera (Ed. Desnivel, 2008). Está muy bien, vienen casi todas las cumbres importantes del Alto Atlas con sus itinerarios -fáciles y difíciles- bien explicados, sus horarios, dificultad, material adecuado y descripción de la ruta. Además es un libro pequeño, y si no somos unos maniáticos enfermizos del peso, podemos llevarla con nosotros muy cómodamente. Eso sí, los mapas son bastante esquemáticos y no es mala idea complementar esta guía con un buen mapa. Yo me llevé uno de la Ed. Piolet 1:40.000. Si nos queremos centrar en las cumbres más representativas sugiero llevar uno de escala más detallada, porque en este la zona del Toubkal apenas ocupa el 25% de todo el papel y no tiene tanto detalle como me habría gustado... problemas de comprar a ciegas, pero a su favor hay que decir que es un mapa preciso, sin erratas, fácil de llevar e impermeable. También, al abarcar mucho terreno es ideal para planificar trekkings de varios días visitando los rincones perdidos del Atlas más auténtico.


                   La guía y el mapa más clasicos para los que queremos aventurarnos en el Atlas.

Como iba diciendo, nuestra intención para el primer día de actividad era subir el Ras (4083 m) y el Timesguida (4089 m), tercera y segunda cimas más altas de la cordillera, respectivamente. Tanto para Conchy como para mi serían nuestros primeros cuatromiles ;-)


Respecto a posibles problemas con la altura, cada persona es un mundo y reacciona de manera diferente. Ni Conchy ni yo tuvimos problemas, salvo que el corazón se acelera un poco más y no se pueden hacer muchos sobreesfuerzos, sobre todo los primeros días. Es muy recomendable llevar algún antiinflamatorio en el botiquín por si nos da dolor de cabeza: aspirina, ibuprofeno, paracetamol... lo que mejor le venga a cada uno. Tomarse uno por las noches va muy bien para relajar los músculos y estar fresco al día siguiente. Beber mucha agua y comer bien también es fundamental para evitar problemas con la altura y el desgaste que se va acumulando a lo largo de los días. Se me olvidaba, algo para la tos viene muy bien (yo llevé Flutox en pastillas), y este es el motivo:

El Maestro.
Dice Mark Twight que nada enseña más que quemarse la mano. En mi caso aprendí que no hay que embarcarse en un viaje a la montaña de varios días con un catarro mal curado. Resulta que el fin de semana anterior a ir a Marruecos estuve con mi amigo Harry intentando subir al Almanzor por las Canales Oscuras, y en el vivac que hicimos en El Sillao me acatarré debido a la humedad y al frío de la noche. Al día siguiente nos encontramos con unas condiciones de nieve malísimas y nos dimos la vuelta, así que me quedé sin cima y con un catarro que no curaría hasta un par de semanas después de volver del Atlas. Estar cuatro días subiendo montañotes de 4000 m con una tos seca que no se pasa con nada no es muy recomendable. Por las noches el Flutox y las aspirinas me calmaron bastante, pero las jornadas de montaña se hicieron duras.

Para subir al Ras elegimos el Corredor Noreste, una vía muy elegante y de dificultad moderada que no pasa de los 45º. Con un piolet y los crampones es suficiente, aunque si tenemos un segundo piolet (tal vez tengamos planeada una escalada en hielo para otro día) nos será más cómodo. El casco es siempre muy recomendable. No nos cayó nada importante durante la subida, pero la roca está algo descompuesta y no es raro que se desprenda algo, especialmente a medida que avanza el día.

Desde el refugio tenemos unos 900 m de desnivel hasta la cima, de los cuales unos 300 son de corredor. Desde el refugio hasta la cima tardaremos unas 4-6 horas, dependiendo del estado de la nieve y de nuestra forma física. En mitad del corredor podemos encontrar un estrechamiento un poco más pendiente (40º). La máxima inclinación está al final (45º). Sólo si la nieve es muy escasa podemos encontrar alguna dificultad en alguno de estos pasos, pero lo normal es que no haya problemas. El corredor acaba en un collado, desde el que accedemos fácilmente a la cumbre, que queda a a nuestra derecha.

Rutas de ascenso del Ras y del Timesguida (fuente).
Este es el aspecto del corredor Noreste del Ras.
En mitad del corredor.
Foto de cima. Nuestro primer cuatromil :-)
Desde la cima del Ras volvemos sobre nuestros pasos hacia la salida del corredor, y una vez allí vamos en dirección sur hacia el Timesguida. Esta es una ascensión muy sencilla y no presenta ninguna dificultad, es una “cuesta de vacas” evidente y no muy inclinada.

Mirando hacia el sur desde la cima del Ras o del Timesguida se extiende el Anti-Atlas, 2500 metros más abajo, y más allá el desierto del Sahara. Puede distinguirse el reg, el desierto pedregoso e incluso el erg (desierto de dunas). Si el día está despejado y tenemos unos prismáticos o un buen teleobjetivo podremos llegar a apreciarlo. La sensación es extraña, siempre asociamos África con desiertos, selvas, sabanas... y aquí estamos, a 4000 m en mitad de la nieve y pelando frío, mientras la inmensidad del continente africano se extiende bajo nuestros pies.

Llegando a la cumbre del Timesguida.
Cumbre del Timesguida. Al fondo está el Toubkal.
Hacia el sur las montañas van desapareciendo y dan paso al desierto.
Bajando del Timesguida.

Para descender tenemos que alcanzar el collado Tizi-n-Ouagane (3750 m), que separa estos dos picos de las estribaciones del Toubkal, y desde allí bajamos por el valle principal hasta el refugio.




Continuará...



martes, 30 de abril de 2013

Expedición al Atlas (I)

La cordillera del Atlas, en Marruecos, ofrece muchas posibilidades para la práctica del monañismo en todas sus facetas: ascensiones a pie, esquí de montaña, alpinismo, escalada en roca, etc. Hacía tiempo que tenía la intención de visitar estas montañas, pero las diferentes circunstancias de la vida no me lo permitieron hasta esta primavera. De todos los coleguillas montañeros, sólo logré que mi amiga Conchy se viniera conmigo a este viaje.



Los encantos con los que nos seducen estas montañas son varios: tienen una altura que empieza a ser respetable (Toubkal: 4167 m), suelen ser técnicamente fáciles y no requieren una logística tan elaborada como la de una expedición a los Andes, por ejemplo. Sin lugar a dudas el contraste geográfico y cultural con el mundo europeo es  lo que convierte a esta cordillera en una joya que merece la pena descubrir.

Armend, un pueblecito derca de Imlil.
La opción más sencilla para ir a las montañas del Alto Atlas es comenzar en Imlil, un pueblo que está a unos 65 km de Marrakech. Allí podemos encontrar hoteles a precios razonables (unos 200 DH por persona y noche a media pensión) y contratar a un arriero con su mula para que nos lleve los bultos más gordos (unos 150 DH por cada mula). Las mulas pueden cargar con dos o tres mochilas grandes. Casi todos los hoteles tienen su página web, así que podemos hacer todas las gestiones desde casa con bastante antelación. Nos pueden facilitar el transporte desde Marrakech, la reserva en el refugio y el porteo hasta el mismo.

Existen dos refugios desde los que se parte a las principales cumbres del Atlas: Refuge Les Mouflons, regentado por gente local y Refuge Toubkal CAF, del Club Alpin Français. Nosotros nos quedamos en Les Mouflons, y creo que acertamos, tanto por el ambiente como por la comida, el trato con los guardas... Tiene sus carencias y sus cosas mejorables, por supuesto, pero estamos hablando de un refugio de alta montaña que está a 3200 m, lejos de cualquier sitio civilizado y al que todos los suministros llegan a lomos de las mulas, así que no se pueden pedir muchos lujos. En los refugios también nos pueden facilitar el transporte desde Marrakech, el alojamiento en Imlil y el porteo hasta el mismo. En cuanto al idioma, no hay ningún problema, además del árabe, hablan perfectamente el francés, bastante inglés y algo de español.

En el hotel o llamando al refugio nos informarán de las condiciones de si hay o no mucha nieve durante la aproximación, porque las mulas sólo pueden subir hasta donde empieza la nieve. Si hay mucha tenemos dos opciones: contratar porteadores (en Imlil puede hacerse, cada porteador cobra 200 DH) o acarrear nosotros los bultos desde donde las mulas se dan la vuelta hasta el refugio. Como la noche que pasamos en Imlil estuvo nevando, al final contratamos mulas y porteadores para llegar al refugio lo más descansados posible, ya que el viaje acababa de empezar.

Nuestra mula.
Nos planteamos el viaje de la siguiente manera:
  • Día 1 (23 de marzo): León - Madrid - Marrakech - Imlil.
  • Día 2: Imlil - Refuge Les Mouflons.
  • Día 3, 4, 5 y 6: Subir las cumbres que nos habíamos propuesto: Ras, Timesguida, Afella, Toubkal y Biiguinnoussene.
  • Día 7: Descenso a Imlil.
  • Día 8: Visita a Marrakech y viaje de vuelta hasta León.
Salvo por un par de cosillas, los planes nos salieron redondos, el tiempo fue magnífico, la gente amabilísima, la comida excelente… Os cuento cómo fue todo con más detalle. Mejor dicho, os contamos, porque tanto en esta como en las sucesivas entradas cuento con la inestimable colaboración (parte de las fotos y del texto) de mi compañera de fatigas ;-)

El 23 de marzo por la mañana temprano salimos en autobús hacia Madrid, allí, a primera hora de la tarde cogimos el avión que en un par de horas nos llevó hasta Marrakech. En el aeropuerto nos esperaba el taxi que nos llevaría hasta el hotel de Imlil. Quien haya estado en Marruecos sabrá que todos los taxis son iguales, el clásico Mercedes-Benz W123 de los años 80, bastante desvencijados, pero que siguen dando guerra.

Da miedo pensar cuánto consume...
La carretera que va de Marrakech hasta Imlil es bastante buena, teniendo en cuenta que nos encontramos en un país con pocos recursos y que las poblaciones que une tienen pocos habitantes. El hotel en el que nos alojamos en Imlil (Café Soleil) está bastante bien, la habitación era cómoda y en el comedor tenían chimenea, lo que se agradecía, porque cuando llegamos a Imlil hacía un poco de frío y llovía bastante. Las predicciones del tiempo daban muy bueno para los próximos días, y por suerte se cumplieron.


Para cenar nos pusieron un tajine de pollo, muy rico. No pude disfrutarlo todo lo que me gustaría porque andaba medio acatarrado y falto de apetito… esto me acabaría jugando una mala pasada. Tras cenar preparamos la mochila y el petate para el día siguiente y nos fuimos temprano a la piltra, que había que madrugar.

mmm... qué buena pinta :-)
Amaneció un día muy despejado, sin rastro de las nubes que hacían pensar en lo peor. Después de desayunar bajamos los petates, los cargamos en la mula y nos pusimos en marcha hacia el refugio. La marcha de aproximación es de unos 15 km, en los que se salvan 1500 m de desnivel positivo, por lo que conviene tomárselo con calma.

Nuestro hotel, por la mañana.
Al fondo Armend.
Una simpática habitante del Atlas.
Durante el camino de subida al refugio hay varios avitualluamientos en los que te venden chocolatinas, fruta, zumo de naranja, etc. El avituañllamiento que hay más o menos a mitad de camino es casi un pequeño poblado, lleno de tiendas de souvenirs y donde intentan venderte de todo: turbantes, gorros, bisutería... 


El camino de la aproximación es muy cómodo, se va ganando altura de una manera bastante progresiva. Poco a poco las montañas van viéndose más altas y te das cuenta de que tienen dimensiones muy diferentes de las que estás acostumbrado. Es un paisaje que merece la pena disfrutar, aunque te surjan dudas como "¿dónde me estoy metiendo?", "pedazo de montañones, creo que esto me supera un poco", pero te das cuenta de que esto es precisamente lo que has venido a buscar, montañas nuevas, retos que no sabes si podrás superar, incertidumbre, una aventura que has estado planificando durante mucho tiempo y que al fin se hace realidad... es aquí y es ahora, y hay que disfrutarlo.

Impresiona... y aún no se ven las montañas más altas.
Nosotros pagamos la novatada con las mulas y la nieve: en el hotel nos dijeron que las mulas sólo podían llegar hasta la mitad del camino, porque había mucha nieve, así que contratamos a dos porteadores para que nos echasen una mano con los bultos. Subíamos y subíamos  la mula seguía tirando, a pesar de que había un poco de nieve fresca. Al final dimos vista a los refugios, apenas quedaban 100 m de desnivel cuando el arriero nos dijo que la mula no podía seguir ¡Menos de un kilómetro! para eso habríamos cargado nosotros con los petates y nos habríamos ahorrado 40€. Es lo que tiene ser guiri... como en todo viaje, de todo se aprende.

Los refugios del Toubkal.
¡Estamos en casita!
En el refugio, tras hacer el check-in, nos ofrecieron por cortesía de la casa un té de bienvenida que disfrutamos al calor de la estufa de leña (lo tienen bien montado, jeje), preparamos la mochila para el día siguiente y bajamos a cenar. Cogimos fuerzas para subir al Ras y al Timesguida con un estupendo cus-cus.

Continuará...

lunes, 8 de abril de 2013

M (y VI)

El avión trasladó a M desde un mundo de amabilidad y sonrisas puras hasta el oscuro agujero de miradas asesinas, avaricia y vacío existencial conocido como "occidente".

Fuera del aeropuerto llovía, y las sucias calles mojadas reflejaban las inútiles luces de neón. M arrastró su vieja mochila hasta uno de los taxis, cruzó unas palabras con el conductor y se puso en marcha. En la radio ponían fútbol, pero las supuestas habilidades deportivas de aquellos millonarios resbalaban sobre las cicatrices de M. Las arterias de la gran ciudad engullían millones de coches en una orgía de voracidad sin límites. El taxi de M se dirigió a uno de los anodinos e impersonales apartamentos del centro.

La puerta rechinó, y pese a la humedad, M reconoció los olores familiares de su casa. Llevó la mochila hasta su habitación y tiró la chaqueta sobre la cama. Fue hasta el salón y encendió la minicadena; sonaron The Doors. En la cocina, abrió la nevera en busca de algo que no estuviese caducado. Aquellas salchichas atiborradas de conservantes podrían soportar un holocausto nuclear, y ese puré de patata en polvo serviría de acompañamiento.

Bajo la música y el ruido de la cocina, la ciudad bullía, ajena a cómo un alma se hacía pedazos en la más absoluta soledad e indiferencia. M había sido protagonista de una de las historias de supervivencia más extremas, había escapado de una muerte segura en infinitas ocasiones, había caminado por el filo de la navaja con una determinación y una sangre fría impensables para la mayoría de los mortales... durante los años dorados de la exploración, se recibía con honores de estado a los intrépidos aventureros que regresaban de las garras de la muerte... ella no aspiraba a tanto, se conformaba con haber sobrevivido y tener un techo, algo de comida caliente y una cama en la que tirar sus huesos heridos. No había gloria en haber escalado una montaña y salir con vida. Sabía que había fracasado desde el primer momento, desde que aquella maldita montaña se cruzó en sus sueño; estaba viva sólo por una serie de afortunadas coincidencias, a diferencia de su compañero, que...

Apenas había pensado en ello. Sí, lo tenía presente como una circunstancia más de la escalada, pero ahora que las cosas empezaban a asentarse el recuerdo empezó a hacerse más vivo... su mente sabía que pensar en ello en ese momento sería muy doloroso, y logró volver a dejarlo apartado en un rincón. No era la primera vez ni la segunda, ni sería la última... mejor en otro momento, por experiencia.

Después de cenar caminó por el salón, acariciando los lomos de los libros que tantas veces había leído y que tantos sueños habían forjado. Ahí estaban también fotos de cumbres siempre anheladas y recuerdos de rincones perdidos del mundo. Hizo sitio entre la matera que robó en la expedición a la cara sur del Aconcagua y la máscara africana que le regaló uno de los porteadores cuando abrió una nueva vía en el Monte Kenya. Metió la mano en su bolsillo y colocó la piedra con los ojos de Buda. Otro recuerdo, otra aventura, otra montaña...

Abrió el mueble bar. Ahí estaba su Chivas de 30 años. Puso hielos en un vaso ancho, lo llenó generosamente y disfrutó de su sabor tumbada en el sofá, brindando por su compañero, por el pobre diablo congelado que se encontró a mitad de bajada y por los chicos que la sacaron en helicóptero.

Quitó a Jim Morison, perdido en sus delirios psicodélicos y puso algo más acorde con su estado de ánimo en aquel momento. 



Fuera, en la calle, las luces y las prisas de la gente se diluían bajo la fría lluvia, ocupadas en sus pequeñas cosas.


Fin.


jueves, 4 de abril de 2013

M (V)

El caos de grietas del glaciar empezó a discurrir bajo dos pies de M. Rodear esta grieta, saltar la otra, avanzar, retroceder, volver a avanzar... en cualquier momento en suelo se abriría bajo sus pies y todo acabaría. Desaparecida en los dominios de los hielos eternos en mitad de la noche.

Las pocas estrellas que aparecían entre las nubes la ayudaban a orientarse. La dirección era más o menos correcta, pero sin conocer la ruta segura que evitaba las grietas del glaciar, caminaba sobre un campo de minas.

Caminaba, pero no avanzaba. Las agujas graníticas que bordeaban el glaciar y que tomaba como referencia no se movían. Una sensación de frustración recorrió su cuerpo... pero en seguida se rió. Tener que caminar un poco más no era nada comparado con todo lo que había pasado. Estaba en terreno llano, a una cota razonablemente baja, con recursos para llegar hasta el campo base, si es que seguía allí. Lo peor ya había pasado, ya no quedaba más que un mero trámite.

Al cabo de unas horas las fuerzas empezaron a flaquear de nuevo. Paró, derritió un poco de nieve para conseguir agua y se comió otra barrita. Aún le duraban los efectos de la última dosis de anfetamina, así que no tomó más. Sabía que aún le quedaban pastillas de sobra, pero no quería abusar, tomar más de la cuenta haría que se obsesionase con cualquier cosa, igual se quedaba embobada clavando el crampón en el hielo... en su época de universidad ya le pasó algo parecido: se tomó unas cuantas anfetas para estudiar, pero antes de ponerse son los apuntes quiso fregar los platos de la cena, pero las pastis hicieron efecto antes de lo que pensaba, y se pasó toda la noche fregando toda la vajilla de la casa. Ni se molestó en presentarse al examen, claro.


Las horas pasaban y el avance era desesperantemente lento. El caos de grietas no acababa y la oscuridad de la noche no dejaba ver el final del valle. Sin las escaleras y pasarelas que se ponían durante la temporada de expediciones, ganar unos cuantos metros suponía tenía que hacer rodeos interminables para sortear grietas de las que no se veía el fondo. Cuando eran estrechas las saltaba, y más de una vez estuvo a punto de caer en sus entrañas.

Poco a poco el hielo iba haciéndose más sucio. Eso era una buena señal, se estaba acercando a la morrena frontal; pronto se acabaría el hielo y podría caminar si miedo a caer en el abismo. Las estrellas habían recorrido un largo camino y comenzaba a vislumbrarse la claridad de un nuevo día, ¿o acaso era la luna, que salía tarde? Cada vez había más luz, y eso era suficiente.

Llegó un momento en el que ya había desaparecido todo el hielo. Bajo los pies de M no había más que roca. Se quitó los crampones y los guardó junto con los piolets en su anoréxica mochila. Caminó dando tumbos sin ninguna dirección determinada; había desperdicios y restos de las tiendas del campo base de la montaña, pero ya no quedaba nadie, todo el mundo se había retirado con la entrada del mal tiempo, ni siquiera quedaba una expedición rezagada.

Amaneció del todo. Plásticos, trozos de tela, latas de cerveza vacías... desolación. Recorrió la morrena como la única superviviente del apocalipsis. No había nada que le pudiese ser útil. Restos de un naufragio. M se sentó tratando de pensar cuál sería su estrategia para llegar a un sitio civilizado... si es que le quedaban fuerzas para ello. El agotamiento extremo empezaba a hacer mella en su inquebrantable voluntad de vivir, y la falsa idea de encontrarse en un sitio seguro empezó a instalarse en su mente.

En su subconsciente, M empezó a oír un zumbido. No le hizo demasiado caso, pensando que serían ilusiones de su cerebro cansado. El sonido se hizo más fuerte, y vio que era real ¿un bicho? ¿un abejorro? Cada vez era más fuerte, pero hasta que M no vio el viejo helicóptero soviético acercándose, no fue consciente de la enorme suerte que había tenido.

Se levantó y agitó los brazos, tratando de llamar la atención del piloto. El aparato hizo un círculo alrededor de ella y tomó tierra a una distancia prudente. Bajaron tres personas y se dirigieron hacia ella. Todo era confuso y sólo lograron entenderse chapurreando un poco de inglés. M quiso decirles de dónde venía, las penalidades que había pasado y que no sabía cuántos días llevaba peleando por su vida. Entró casi a rastras en el helicóptero, la tumbaron y taparon con mantas y tras dar un par de sorbos a una bebida caliente quedó profundamente dormida.

Despertó en la habitación de un hotel. Había ropa limpia, algo de dinero y una tarjeta de visita de la universidad de Seúl. Le dolía todo el cuerpo, tenía un hambre terrible y su cuerpo rezumaba el olor de muchos días en la montaña. La vergüenza de oler a yak muerto la hizo desperezase e ir directamente a la ducha. Recibió el agua caliente como una bendición, y quedó varios minutos sintiendo cómo resbalaba por su cuerpo maltrecho. Ya aseada, se vistió y salió de la habitación. Bajó las escaleras y se encontró con un grupo de asiáticos ensimismados en su portátiles. Todos alzaron la mirada al mismo tiempo y se les dibujó una amplia sonrisa. Sobraban las presentaciones, ellos eran los que la habían sacado de la montaña. Hablaron mientras M asaltaba el buffet libre. Por lo que le pareció entender, sus rescatadores no eran montañeros, sino científcos que iban a recoger instrumentos que habían dejado por la zona, aunque estaban sobre aviso de que había alguien perdido.

En poco tiempo gestionaron el viaje de vuelta de M. El vuelo saldría en unas pocas horas... en la vertiginosa despedida uno de los coreanos le dio una piedra pintada con los ojos de Buda. Era un souvenir barato que se podía encontrar en cualquier rincón de Kathmandu, pero en aquel momento lo recibió como el mayor regalo que le hubiesen hecho.

Prisas y más prisas. M recogió sus cosas, volvió a despedirse de sus amigos y cogió un taxi directo al aeropuerto. Como en una película de ciencia ficción, en unas cuantas horas se encontraría en la otra punta del universo, en un mundo ajeno al País de las Montañas, preguntándose si todo aquello no habría sido más que un sueño.



Continuará...



jueves, 5 de abril de 2012

Debunking (II)

Seguramente lleva mucho tiempo circulando por ahí, pero acabo de encontrarme con un nuevo poemilla new age atribuido erróneamente a una persona famosa. Esta vez le ha tocado al genial Charles Chaplin. Es el siguiente:


Vive (atribuido a Charles Chaplin).

Ya perdoné errores casi imperdonables.
Trate de sustituir personas insustituibles,
de olvidar personas inolvidables.
Ya hice cosas por impulso.
Ya me decepcioné con algunas personas,
mas también yo decepcioné a alguien.

Ya abracé para proteger.
Ya me reí cuando no podía.
Ya hice amigos eternos.
Ya amé y fui amado pero también fui rechazado.
Ya fui amado y no supe amar.
Ya grité y salté de felicidad.
Ya viví de amor e hice juramentos eternos,
pero también los he roto y muchos.

Ya lloré escuchando música y viendo fotos.
Ya llamé sólo para escuchar una voz.
Ya me enamoré por una sonrisa.
Ya pensé que iba a morir de tanta nostalgia y...

Tuve miedo de perder a alguien especial
y termine perdiéndolo
¡¡pero sobreviví!!
¡¡Y todavía vivo!!
No paso por la vida.
Y tú tampoco deberías sólo pasar...

¡¡¡VIVE!!!


Nada nuevo, fast food lírico de autoayuda. ¿Realme te una persona con su punto de escepticismo y curtida por la vida como Chaplin escribiría algo tan sensiblero? El autor es el poeta brasileño Augusto Branco... ahí lo tiene en su web, muy en su línea literaria y sin demandas de ningún tipo por parte de los herederos de Chaplin.



Paseando por la Wikipedia nos encontramos con esta reflexión que sí es de Chales Chaplin, mucho más profunda y acorde con la realidad que esas otras composiciones un tanto ñoñas:

Mirada de cerca, la vida parece una tragedia; vista de lejos, parece una comedia. Nunca te olvides de sonreír, porque el día en que no sonrías será un día perdido. La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive cada momento, antes de que baje el telón y la obra termine sin aplausos. Hay que tener fe en uno mismo. Aún cuando estaba en el orfanato o recorría las calles buscando qué comer, me consideraba el actor más grande del mundo. La vida es maravillosa... si no se le tiene miedo. Sin haber conocido la miseria, es imposible valorar el lujo. Más que maquinaria necesitamos humanidad, y más que inteligencia, amabilidad y cortesía. Fui perseguido y desterrado, pero mi único credo político siempre fue la libertad.


miércoles, 21 de marzo de 2012

Killrats



Killrats es un proyecto en el que se ha embarcado mi amiga Isa como productora, junto con un equipo de lo más profesional y competente, empezando por el director, Isaac Berrokal (seguro que los más frikazos ya lo conocéis).

El corto se financia mediante crowdfunding (financiación colectiva), que en este caso consiste en que los seguidores de un artista hacemos una aportación económica para que su proyecto salga adelante, y a cambio recibimos algún tipo de gratificación, como aparecer en los títulos de crédito, merchandishing o invitaciones al estreno y la posterior parranda ;-)

Esta es la página del proyecto. Seguro que cualquier ayudita será muy bien recibida.