miércoles, 27 de agosto de 2014

Expedición al Atlas (y IV)


El Toubkal es sin duda a cima más mítica de tod el Atlas y el objetivo de mucha gente que visita estas montañas. De hecho, muchos suben hasta los refugios Mouflons y CAF exclusivamente para subirlo, sin prestarle mucha atención a las otras montañas de la zona, que también tienen un encanto especial, y nosotros, junto con un grupo de esquiadores españoles muy majos (se hacían llamar "Comando Lagartija"), éramos casi los únicos que se alojaban allí unos cuantos días para hacer diferentes actividades por todo el macizo.

Nos decidimos por subir al Toubkal por el Ikhibi Norte y bajar por el Ikhibi Sur.

Las rutas del Toubkal, según la guía de David Taurá.
Para tomar la ruta del Ikhibi Norte seguimos el camino de bajada durante unos cuantos metros, hasta que podamos cruzar el arroyo y remontar la ladea oeste del Toubkal, ganando altura progresivamente al principio y afrontando la pendiente directamente más adelante. Hay algunas marcas, pero conviene llevar la ruta bien estudiada. A medida que ascendemos el camino se va haciendo más evidente, puesto que estaremos bordeados por el impresionante pilar W del Toubkal y los contrafuertes del Tibheirine. Hacia los 3400 m giramos a la izquierda in afrontamos la subida que nos lleva hasta el Collado Norte del Toubkal.


Qué buena pinta tiene esa goulotte ;-)
Peleamos cada uno de los metros de la montaña.






A la altura aproximada de 3500 m nos encontraremos con los restos de un avión accidentado, aparecen trozos de los motores, fuselaje, etc. Me ha picado bastante la curiosidad acerca de ese avión y he investigado un poco acerca del mismo:

Debemos remontarnos a 1967. La región de Biafra declara su independencia de Nigeria, dando lugar a una guerra civil. Diferentes países ofrecen su apoyo a los diferentes bandos: Portugal, Francia, Israel, Sudáfrica y Rodesia (hoy pertenece a Zimbaue) apoyan a los separatistas, mientras que la URSS, Reino Unido, Sudán, Siria, Níger y Arabia Saudita apoyan a los unionistas. Los respectivos apoyos se traducen en el envío de armamento y municiones por tierra, mar y aire. Dudo que estas colaboraciones fueran desinteresadas: Nigeria, y especialmente la región de Biafra es muy rica en petróleo, que siempre es una apreciada moneda de cambio cuando hay que alentar o sofocar revoluciones. Uno de los envíos se hace en un avión cuatrimotor L-749 Constellation, que salió de Faro (Portugal) el 28 de noviembre de 1969 en dirección a São Tome (Golfo de Guinea), pero volaba muy bajo (4000 m) cuando se dispuso a atravesar la cordillera del Atlas y se estrelló. Como resultado sus ocho tripulantes murieron, y fueron enterrados en la misma montaña un año después.

La guerra civil de Nigeria fue una de las más sangrientas que ha sufrido el continente africano, con un millón de civiles muertos y 6 millones de desplazados. Durante este periodo tan turbulento, la Cruz Roja se empleó a fondo para tratar de paliar las necesidades de tantísima gente desplazada. Entre los voluntarios estaba Bernard Kouchner, que tras su experiencia en Nigeria y desavenencias con la gestión de la ayuda humanitaria por parte de la Cruz Roja, dio a conocer el conflicto al mundo y lideró la creación de una organización humanitaria que priorizara la atención alas víctimas de estos conflictos frente a las fronteras poíticas y religiosas: Médicos sin Fronteras (1971). Debido a nuevas desavenencias con la dirección de MSF, en 1980 fundó Médicos del Mundo.

Lockheed L-479 Constellation. 
Una pieza del avión.
Después de esta reseña histórica, volvemos a nuestra ascensión. Una vez alcanzado el Collado Norte subimos directamente hacia la cima por un terreno no muy complicado. Si la nieve es un poco escasa, como fue el caso, los crampones morderán más roca que nieve y la subida se hará un poco incómoda, pero es mejor sufrir un poco que andar todo el rato poniéndolos y quitándolos. A lo largo de este último tramo sufrimos un viento bastante fuerte que nos hizo plantearnos si seguir o no, pero ya quedaba muy poco, teníamos la cumbre a tiro de piedra y a parte de eso no había amenaza de mal tiempo.



Llegando al collado.
Últimos cien metros de desnivel.
Casi en la cima...
Por fin, tras luchar contra el incesante viento, llegamos a la cima del Toubkal. Nos hacemos las fotos pertinentes y nos refugiamos entre unas rocas para comer un poco, beber y recuperar fuerzas. La altura se hace notar.



Hicimos el descenso por el Ikhibi Sur, que es la ruta normal de ascenso, mucho más directa que por donde subimos. Hasta llegar al collado que une la cima principal con el Toubkal Oeste (4030 m) la nieve escaseaba bastante y en algunos tramos había que prestar un poco de atención porque la roca es un poco mala. Una vez en el collado, se baja al refugio en seguida, sobre todo los esquiadores de montaña, que en el Atlas tienen un terreno de juego muy interesante y nieve de buena calidad.





Tras subir el Toubal y reponer fuerzas, el último día lo reservamos para subir el Biiguinnoussene, como relaté en la entrada anterior... y con ello dimos por finalizada nuestra expedición al Atlas. Hora de hacer los petates y emprender el camino de vuelta: Imlil, Marrakech, Madrid y León.

Todos los días nos hizo un tiempo estupendo, las condiciones de la nieve fueron aceptables (en las zonas en las que pegaba más el sol estaba peor) y el refugio de Les Mouflons es muy recomendable: se cena estupendamente y los guardas son muy amables. No me importaría volver...




Siempre que doy por conseguido algún reto montañero importante me acuerdo de lo que me dijo un gran guía de alta montaña, Erik Pérez, en una salida que hice allá por el Devónico inferior con el grupo de montaña de la Univesidad: Lo más importante para progresar en montaña es tener objetivos, no importa cuáles: Urriellu, Mont Blanc, el monte que ves desde tu casa y que nunca has subido... Hay que hacer lo posible por cumplirlo, y una vez conseguido plantearse otro mayor, más alto, más difícil, más lo que sea, dependiendo de lo que motive a cada uno. Por ello, el momento de ver el vértice de la cumbre y llegar hasta arriba del todo fue realmente emocionante, a pesar de no ser una montaña especialmente bonita o difícil. Tenía mucha ilusión por subir al Toubkal desde hacía mucho, y por una cosa o por otra los planes nunca llegaron a realizarse, pero esta vez, con las obligaciones académicas resueltas, un buen entrenamiento, muuuuchas horas organizándolo todo y una compinche con la que me iría hasta el fin del mundo, ese sueño acabó por cumplirse.



Unas horas de avión fueron suficientes para transladar a estos huesos molidos desde uno de los rincones más fasciantes del mundo hasta la gris capital. Atrás quedaron nuestros vecinos del sur, los tajines de cordero y verduras, los taxis desvencijados, la amabilidad intrínseca de la gente y una cordillera fascinante, donde se juntan los colores del desierto con la rudeza de la alta montaña, bajo un cielo azul intenso, cuyos implacables vientos desgarran las nubes...

Atrás quedaron las montañas del Atlas... hasta la próxima visita, claro :-)




miércoles, 20 de agosto de 2014

Expedición al Atlas (III)

Tras subir el Ras y el Timesguida, nuestro próximo objetivo fue la Cresta Norte del Afella desde la Brecha de Les Clochetons.

Para llegar al inicio de la ruta debemos salir desde el refugio hacia el Norte, siguiendo el camino principal que lleva a Imlil. A los 100 metros aproximadamente debemos remontar una pala de nieve que da lugar al corredor (Irhzer Ikhelloum), que salva unos 700 metros de desnivel hasta llegar a a brecha en la que se encuentran las características agujas de Les Clochetons.

Rutas que seguimos en el Afella y en el Biiguinnoussene.
Este corredor presenta poca dificultad, pero los tramos finales de cresta son más complicados (III), por lo que nos llevamos un cordino de 30 m, un par de clavos, un juego de 6 empotradores y algunas cintas largas. En la guía de David Taurá está catalogada como AD.

Empezando a subir.
El mayor problema de las montañas de la vertiente este es, como os podéis imaginar, que en seguida empieza a darle el sol y la nieve se reblandece mucho, así que se hace duro subir, sobre todo si no hay huella como fue nuestro caso. Tras sufrir bastante tanto por la nieve como por mi tos, llegamos hasta la brecha. Desde allí se puede bien atacar la cresta que queda a nuestra izquierda directamente (III), o bien bordearla por su izquierda y remontar hasta el filo más adelante. Andábamos bastante despistados y pensábamos que habíamos llegado a otro sitio y al no saber muy bien qué hacer decidimos volver sobre nuestras huellas.

Ahora, mientras escribo tranquilamente en casa, me doy cuenta de que fue una auténtica metedura de pata, porque teníamos el mapa y la guía y a poco que hubiésemos pensado con claridad habríamos visto claro por dónde tirar, pero qué le vamos a hacer, esas cosas pasan y son consustanciales a nuestro deporte, sobre todo en montañas desconocidas, en las que no juegas en casa y no tienes a los Greiman para sacarte de un apuro si las cosas se tuercen. Ahora da rabia, claro, pero sin duda alguna en aquel momento dar media vuelta fue la decisión más inteligente que podíamos haber tomado.

Ya vemos la brecha de Les Clochetons.


La bajada se hizo bastante larga debido a lo blanda que estaba la nieve, además por esas canales suelen bajar torrenteras que están tapadas, y en algunos puntos hay que prestar especial atención para no hundirte y acabar con los pies calados. Llegamos al refugio a una hora decente, así que pudimos descansar bien y ducharnos. Por cierto, la ducha (sólo funcionaba una) era un poco cutrecilla para los estándares a los que estamos acostumbrados los guiris pijos, pero se agradece quitarse la roña de encima.

El plan para el día siguiente era subir el Toubkal, pero eso lo dejo para la última entrada y aprovecho esta para contaros la ascensión al Biiguinnousene (4002 m), que está al lado del Afella y que subimos el último día.


Las actividades de dos piolets molan más :-)

El Biiguinnousene es el cuatromil más bajo del Atlas y ofrece una ascensión muy interesante y alpina, con una dificultad que permite ir sin cuerda, aunque nunca viene mal. Nosotros volvimos a llevar el cordino de 30 m y algo de material para asegurar.



La entrada al corredor (Irhzer n'Tadat) está a unos 500 m del refugio. Se trata de una canal un poco más estrecha que el que sube a la Brecha de Les Clochetons y más pendiente. Alrededor de la cota 3700 el corredor se ensancha y remontamos unas amplias palas de nieve que quedan a nuestra izquierda, que acaban en un sistema de corredores que llevan directamente a la cima. Allí es donde encontraremos las pendientes más pronunciadas (55º). Nosotros encontramos unas condiciones de nieve bastante malas y decidimos no subir por los corredores, sino que hicimos una travesía hacia la derecha hasta salir a la arista que une la cima con el Dedo de Tadat, una característica y llamativa aguja que se yergue solitaria en mitad del collado.



Interminables palas de nieve...
La subida a la cima se hace por el filo de la arista. El recorrido tiene algunos hitos, pero son escasos y no son fáciles de distinguir, así que hay que usar en instinto montañero y no perder la atención, pues algunos de los puntos son de paso obligatorio, si no acertamos con ellos podemos meternos en algún berenjenal.

A la espalda, el Dedo de Tadat.
Hacia el oeste se ven los corredores del Tazaghart (3980 m).
Foto de cima :-)
El descenso se hace bajando hasta el collado del Dedo de Tadat y bajando directamente por el corredor. Si el día ha sido caluroso nos encontraremos con que la nieve estará paposa, pero podemos encontrar tramos favorables para practicar el muy noble arte del culo-esquí... tan divertido como agresivo para nuestros flamantes pantalones de gore-tex.


Continuará...

lunes, 18 de agosto de 2014

Expedición al Atlas (II)

Bueno, ha pasado muuuucho tiempo desde la última entrada. Han pasado muchas cosas, dentro del ámbito montañero y fuera de él, y alguna de ellas, como los viajes al Himalaya o a Alpes las compartiré con los cuatro frikis que leéis esto mi pequeño pero selecto grupo de seguidores.

Hay una guía que cualquiera que esté interesado en ir al Atlas seguro conoce: Toubkal. Guía de ascensiones y escaladas, de David Taurá Riera (Ed. Desnivel, 2008). Está muy bien, vienen casi todas las cumbres importantes del Alto Atlas con sus itinerarios -fáciles y difíciles- bien explicados, sus horarios, dificultad, material adecuado y descripción de la ruta. Además es un libro pequeño, y si no somos unos maniáticos enfermizos del peso, podemos llevarla con nosotros muy cómodamente. Eso sí, los mapas son bastante esquemáticos y no es mala idea complementar esta guía con un buen mapa. Yo me llevé uno de la Ed. Piolet 1:40.000. Si nos queremos centrar en las cumbres más representativas sugiero llevar uno de escala más detallada, porque en este la zona del Toubkal apenas ocupa el 25% de todo el papel y no tiene tanto detalle como me habría gustado... problemas de comprar a ciegas, pero a su favor hay que decir que es un mapa preciso, sin erratas, fácil de llevar e impermeable. También, al abarcar mucho terreno es ideal para planificar trekkings de varios días visitando los rincones perdidos del Atlas más auténtico.


                   La guía y el mapa más clasicos para los que queremos aventurarnos en el Atlas.

Como iba diciendo, nuestra intención para el primer día de actividad era subir el Ras (4083 m) y el Timesguida (4089 m), tercera y segunda cimas más altas de la cordillera, respectivamente. Tanto para Conchy como para mi serían nuestros primeros cuatromiles ;-)


Respecto a posibles problemas con la altura, cada persona es un mundo y reacciona de manera diferente. Ni Conchy ni yo tuvimos problemas, salvo que el corazón se acelera un poco más y no se pueden hacer muchos sobreesfuerzos, sobre todo los primeros días. Es muy recomendable llevar algún antiinflamatorio en el botiquín por si nos da dolor de cabeza: aspirina, ibuprofeno, paracetamol... lo que mejor le venga a cada uno. Tomarse uno por las noches va muy bien para relajar los músculos y estar fresco al día siguiente. Beber mucha agua y comer bien también es fundamental para evitar problemas con la altura y el desgaste que se va acumulando a lo largo de los días. Se me olvidaba, algo para la tos viene muy bien (yo llevé Flutox en pastillas), y este es el motivo:

El Maestro.
Dice Mark Twight que nada enseña más que quemarse la mano. En mi caso aprendí que no hay que embarcarse en un viaje a la montaña de varios días con un catarro mal curado. Resulta que el fin de semana anterior a ir a Marruecos estuve con mi amigo Harry intentando subir al Almanzor por las Canales Oscuras, y en el vivac que hicimos en El Sillao me acatarré debido a la humedad y al frío de la noche. Al día siguiente nos encontramos con unas condiciones de nieve malísimas y nos dimos la vuelta, así que me quedé sin cima y con un catarro que no curaría hasta un par de semanas después de volver del Atlas. Estar cuatro días subiendo montañotes de 4000 m con una tos seca que no se pasa con nada no es muy recomendable. Por las noches el Flutox y las aspirinas me calmaron bastante, pero las jornadas de montaña se hicieron duras.

Para subir al Ras elegimos el Corredor Noreste, una vía muy elegante y de dificultad moderada que no pasa de los 45º. Con un piolet y los crampones es suficiente, aunque si tenemos un segundo piolet (tal vez tengamos planeada una escalada en hielo para otro día) nos será más cómodo. El casco es siempre muy recomendable. No nos cayó nada importante durante la subida, pero la roca está algo descompuesta y no es raro que se desprenda algo, especialmente a medida que avanza el día.

Desde el refugio tenemos unos 900 m de desnivel hasta la cima, de los cuales unos 300 son de corredor. Desde el refugio hasta la cima tardaremos unas 4-6 horas, dependiendo del estado de la nieve y de nuestra forma física. En mitad del corredor podemos encontrar un estrechamiento un poco más pendiente (40º). La máxima inclinación está al final (45º). Sólo si la nieve es muy escasa podemos encontrar alguna dificultad en alguno de estos pasos, pero lo normal es que no haya problemas. El corredor acaba en un collado, desde el que accedemos fácilmente a la cumbre, que queda a a nuestra derecha.

Rutas de ascenso del Ras y del Timesguida (fuente).
Este es el aspecto del corredor Noreste del Ras.
En mitad del corredor.
Foto de cima. Nuestro primer cuatromil :-)
Desde la cima del Ras volvemos sobre nuestros pasos hacia la salida del corredor, y una vez allí vamos en dirección sur hacia el Timesguida. Esta es una ascensión muy sencilla y no presenta ninguna dificultad, es una “cuesta de vacas” evidente y no muy inclinada.

Mirando hacia el sur desde la cima del Ras o del Timesguida se extiende el Anti-Atlas, 2500 metros más abajo, y más allá el desierto del Sahara. Puede distinguirse el reg, el desierto pedregoso e incluso el erg (desierto de dunas). Si el día está despejado y tenemos unos prismáticos o un buen teleobjetivo podremos llegar a apreciarlo. La sensación es extraña, siempre asociamos África con desiertos, selvas, sabanas... y aquí estamos, a 4000 m en mitad de la nieve y pelando frío, mientras la inmensidad del continente africano se extiende bajo nuestros pies.

Llegando a la cumbre del Timesguida.
Cumbre del Timesguida. Al fondo está el Toubkal.
Hacia el sur las montañas van desapareciendo y dan paso al desierto.
Bajando del Timesguida.

Para descender tenemos que alcanzar el collado Tizi-n-Ouagane (3750 m), que separa estos dos picos de las estribaciones del Toubkal, y desde allí bajamos por el valle principal hasta el refugio.




Continuará...



martes, 30 de abril de 2013

Expedición al Atlas (I)

La cordillera del Atlas, en Marruecos, ofrece muchas posibilidades para la práctica del monañismo en todas sus facetas: ascensiones a pie, esquí de montaña, alpinismo, escalada en roca, etc. Hacía tiempo que tenía la intención de visitar estas montañas, pero las diferentes circunstancias de la vida no me lo permitieron hasta esta primavera. De todos los coleguillas montañeros, sólo logré que mi amiga Conchy se viniera conmigo a este viaje.



Los encantos con los que nos seducen estas montañas son varios: tienen una altura que empieza a ser respetable (Toubkal: 4167 m), suelen ser técnicamente fáciles y no requieren una logística tan elaborada como la de una expedición a los Andes, por ejemplo. Sin lugar a dudas el contraste geográfico y cultural con el mundo europeo es  lo que convierte a esta cordillera en una joya que merece la pena descubrir.

Armend, un pueblecito derca de Imlil.
La opción más sencilla para ir a las montañas del Alto Atlas es comenzar en Imlil, un pueblo que está a unos 65 km de Marrakech. Allí podemos encontrar hoteles a precios razonables (unos 200 DH por persona y noche a media pensión) y contratar a un arriero con su mula para que nos lleve los bultos más gordos (unos 150 DH por cada mula). Las mulas pueden cargar con dos o tres mochilas grandes. Casi todos los hoteles tienen su página web, así que podemos hacer todas las gestiones desde casa con bastante antelación. Nos pueden facilitar el transporte desde Marrakech, la reserva en el refugio y el porteo hasta el mismo.

Existen dos refugios desde los que se parte a las principales cumbres del Atlas: Refuge Les Mouflons, regentado por gente local y Refuge Toubkal CAF, del Club Alpin Français. Nosotros nos quedamos en Les Mouflons, y creo que acertamos, tanto por el ambiente como por la comida, el trato con los guardas... Tiene sus carencias y sus cosas mejorables, por supuesto, pero estamos hablando de un refugio de alta montaña que está a 3200 m, lejos de cualquier sitio civilizado y al que todos los suministros llegan a lomos de las mulas, así que no se pueden pedir muchos lujos. En los refugios también nos pueden facilitar el transporte desde Marrakech, el alojamiento en Imlil y el porteo hasta el mismo. En cuanto al idioma, no hay ningún problema, además del árabe, hablan perfectamente el francés, bastante inglés y algo de español.

En el hotel o llamando al refugio nos informarán de las condiciones de si hay o no mucha nieve durante la aproximación, porque las mulas sólo pueden subir hasta donde empieza la nieve. Si hay mucha tenemos dos opciones: contratar porteadores (en Imlil puede hacerse, cada porteador cobra 200 DH) o acarrear nosotros los bultos desde donde las mulas se dan la vuelta hasta el refugio. Como la noche que pasamos en Imlil estuvo nevando, al final contratamos mulas y porteadores para llegar al refugio lo más descansados posible, ya que el viaje acababa de empezar.

Nuestra mula.
Nos planteamos el viaje de la siguiente manera:
  • Día 1 (23 de marzo): León - Madrid - Marrakech - Imlil.
  • Día 2: Imlil - Refuge Les Mouflons.
  • Día 3, 4, 5 y 6: Subir las cumbres que nos habíamos propuesto: Ras, Timesguida, Afella, Toubkal y Biiguinnoussene.
  • Día 7: Descenso a Imlil.
  • Día 8: Visita a Marrakech y viaje de vuelta hasta León.
Salvo por un par de cosillas, los planes nos salieron redondos, el tiempo fue magnífico, la gente amabilísima, la comida excelente… Os cuento cómo fue todo con más detalle. Mejor dicho, os contamos, porque tanto en esta como en las sucesivas entradas cuento con la inestimable colaboración (parte de las fotos y del texto) de mi compañera de fatigas ;-)

El 23 de marzo por la mañana temprano salimos en autobús hacia Madrid, allí, a primera hora de la tarde cogimos el avión que en un par de horas nos llevó hasta Marrakech. En el aeropuerto nos esperaba el taxi que nos llevaría hasta el hotel de Imlil. Quien haya estado en Marruecos sabrá que todos los taxis son iguales, el clásico Mercedes-Benz W123 de los años 80, bastante desvencijados, pero que siguen dando guerra.

Da miedo pensar cuánto consume...
La carretera que va de Marrakech hasta Imlil es bastante buena, teniendo en cuenta que nos encontramos en un país con pocos recursos y que las poblaciones que une tienen pocos habitantes. El hotel en el que nos alojamos en Imlil (Café Soleil) está bastante bien, la habitación era cómoda y en el comedor tenían chimenea, lo que se agradecía, porque cuando llegamos a Imlil hacía un poco de frío y llovía bastante. Las predicciones del tiempo daban muy bueno para los próximos días, y por suerte se cumplieron.


Para cenar nos pusieron un tajine de pollo, muy rico. No pude disfrutarlo todo lo que me gustaría porque andaba medio acatarrado y falto de apetito… esto me acabaría jugando una mala pasada. Tras cenar preparamos la mochila y el petate para el día siguiente y nos fuimos temprano a la piltra, que había que madrugar.

mmm... qué buena pinta :-)
Amaneció un día muy despejado, sin rastro de las nubes que hacían pensar en lo peor. Después de desayunar bajamos los petates, los cargamos en la mula y nos pusimos en marcha hacia el refugio. La marcha de aproximación es de unos 15 km, en los que se salvan 1500 m de desnivel positivo, por lo que conviene tomárselo con calma.

Nuestro hotel, por la mañana.
Al fondo Armend.
Una simpática habitante del Atlas.
Durante el camino de subida al refugio hay varios avitualluamientos en los que te venden chocolatinas, fruta, zumo de naranja, etc. El avituañllamiento que hay más o menos a mitad de camino es casi un pequeño poblado, lleno de tiendas de souvenirs y donde intentan venderte de todo: turbantes, gorros, bisutería... 


El camino de la aproximación es muy cómodo, se va ganando altura de una manera bastante progresiva. Poco a poco las montañas van viéndose más altas y te das cuenta de que tienen dimensiones muy diferentes de las que estás acostumbrado. Es un paisaje que merece la pena disfrutar, aunque te surjan dudas como "¿dónde me estoy metiendo?", "pedazo de montañones, creo que esto me supera un poco", pero te das cuenta de que esto es precisamente lo que has venido a buscar, montañas nuevas, retos que no sabes si podrás superar, incertidumbre, una aventura que has estado planificando durante mucho tiempo y que al fin se hace realidad... es aquí y es ahora, y hay que disfrutarlo.

Impresiona... y aún no se ven las montañas más altas.
Nosotros pagamos la novatada con las mulas y la nieve: en el hotel nos dijeron que las mulas sólo podían llegar hasta la mitad del camino, porque había mucha nieve, así que contratamos a dos porteadores para que nos echasen una mano con los bultos. Subíamos y subíamos  la mula seguía tirando, a pesar de que había un poco de nieve fresca. Al final dimos vista a los refugios, apenas quedaban 100 m de desnivel cuando el arriero nos dijo que la mula no podía seguir ¡Menos de un kilómetro! para eso habríamos cargado nosotros con los petates y nos habríamos ahorrado 40€. Es lo que tiene ser guiri... como en todo viaje, de todo se aprende.

Los refugios del Toubkal.
¡Estamos en casita!
En el refugio, tras hacer el check-in, nos ofrecieron por cortesía de la casa un té de bienvenida que disfrutamos al calor de la estufa de leña (lo tienen bien montado, jeje), preparamos la mochila para el día siguiente y bajamos a cenar. Cogimos fuerzas para subir al Ras y al Timesguida con un estupendo cus-cus.

Continuará...